Casa de Israel - בית ישראל


Desde " Casa de Israel " trabajamos para hacer frente al antisemitismo , la judeofobia y la negación o banalización de La Shoá ( Holocausto) .
No olvidamos las terribles persecuciones a las que fue sometido el pueblo judío a través de los siglos , que culminaron con la tragedia de La Shoá .
Queremos tambien poner en valor y reconocer la fundamental e imprescindible aportación de este pueblo y de la Instrucción de La Torá , en la creación de las bases sobre las que se sustenta la Civilización Occidental.

"... עמך עמי ואלהיך אלהי ..."

martes, 20 de febrero de 2018

Una academia para preservar el judeoespañol

Nunca he estado tan cerca de la creación de esta institución. La Real Academia Española anunciará hoy si definitivamente sale adelante, como todo indica, la iniciativa para proteger y promover esta lengua junto a todo su legado cultural.

Los sefardíes se llevaron consigo las llaves de sus casas, como las de la esta fotografía, que se legaron de una generación a otra a lo largo de los siglos 

En su memoria, España aún se llama Sefarad. Cuando los Reyes Católicos los expulsaron en 1492, los judíos se llevaron consigo no solo unas tradiciones, una cultura o el recuerdo de una tierra, también se marcharon con el legado de una lengua. Las generaciones posteriores de sefardíes que se asentaron en otros países conservaron con celo la lengua que hablaban sus antepasados, el castellano puro del siglo XV, que posteriormente pasó a denominarse djudezno, en otras como ladino y, algo más común y frecuente, judeoespañol. Un idioma que a lo largo de las centurias ha soportado los diversos desafíos y reveses de la historia y que ha llegado a nuestros tiempos con los préstamos que ha recibido de otras lenguas. La Real Academia Española reflexiona desde ayer la creación de una Academia de judeoespañol. Un debate que ha contado con estudiosos y especialistas en la materia, algunos de ellos pertenecientes al Instituto Salto para el Estudio del Ladino de la Universidad Bar Ilán de Israel, Autoridad Nacional del Ladino de Israel y la Asociación Presidente Navon de Israel. «Esta iniciativa es fundamental –subraya Darío Villanueva, director de la RAE, a este periódico– por dos motivos: la dignificación del judeoespañol y lo que significa como lengua de recorrido histórico y que ahora está desapareciendo, pero, también, para incrementar su estudio a través de sus tradiciones sapienciales, folclóricas y de la herencia que ha ido dejando a lo largo de estos cinco siglos». Eliezer Papo, de la Autoridad Nacional del Ladino, quien asiste a esta convención, añade una explicación trascendental. «Cuando los países balcánicos salieron de la dominación otomana y se constituyeron como naciones, muchos aceptaron las lenguas nacionales. Ciertas élites también impulsaron el aprendizaje de idiomas como el hebreo o el francés. Ahora, la mayor parte de los sefardíes que hablan el judeoespañol tienen la idea equivocada de que es casi un argot. La apertura de una academia precisamente demostraría a sus hablantes que no lo es y que los préstamos que tiene, por haber estado en contacto con otras lengua es algo propio de un idioma que está vivo y que está en contacto con otros, porque, al igual que el español tiene arabismos, en el judeoespañol puede encontrarse léxico procedente del turco o el griego». Para Eliezer Papo no existe ningún género de duda: esta academia debe tener su sede «en la capital de Israel, Jerusalén, porque es en este país donde reside el mayor número de sefardíes que viven hoy en día, alrededor de 300.000, el 80 por ciento de los hablantes que tiene en el mundo entero». Algunos de los proyectos que se reforzarían desde ella serían, aparte de fundar comisiones, fomentar actividades culturales o incentivar estudios, plantear el proyecto de un diccionario histórico y etimológico «para dar cuenta de su enorme riqueza léxica y salvaguardar el significado de sus palabras» y, también, proceder a la «digitalización de los documentos y archivos en ladino que han llegado hasta hoy, que es un extraordinario corpus de prosa, poesía, teatro, ciencia, filosofía, literatura rabínica o popular, y poner disponible en la red este abundante caudal cultural para que sea accesible a los investigadores».

En la encrucijada
Moisés Orfali, académico correspondiente de la RAE de Israel desde 2015, comenta a LA RAZÓN que esta academia es de una enorme relevancia, porque «todavía está vivo y aún hay mucha gente que lo entiende, pero al no hablarse oficialmente, sobre todo por la mentalidad de las jóvenes generaciones, que no quieren hablar la lengua de los abuelos, está en una situación delicada a pesar de que existen diarios en judeoespañol en algunos países y en la radio de Israel hay programas científicos y culturales en esta lengua, lo que hace que lo escuchen muchos posibles hablantes que se muestran pasivos en la actualidad».
Darío Villanueva insistió ayer en la importancia del judeoespañol: «Nos ayuda a comprender el castellano del siglo XV, porque es la lengua que está en su base y porque el castellano durante el siglo XVI experimentó un cambio que afectó a la fonología y la pronunciación y a algunos aspectos de estructura gramatical. Es un vestigio vivo de lo que era el castellano antes de esa transformación, que sucedió, precisamente, después de la expulsión de los judíos. En su fundamento fonético y sintáctico, el judeoespañol está más cerca de los grandes clásicos, de los monumentos literarios españoles de esa época. Eso no quiere decir, claro, que los estudios filológicos no nos hayan permitido acceder a los entresijos del castellano de entonces, porque esa clase de incertidumbres y dudas están resueltas. Es cierto –añadre– que ya no mantiene su pureza y que está trufado de palabras de muy diversa procedencia, pero eso lo convierte en un campo excepcional para los lingüistas». El propio Darío Villanueva insiste en el delicado momento que atraviesa el ladino: «Se está perdiendo como lengua de comunicación ordinaria, incluso en el ámbito familiar. El Holocausto se cebó en los judíos sefardíes y con su muerte de-saparecieron muchos hablantes. Luego hay que tener en cuenta que, después de la Segunda Guerra Mundial, se crea el Estado de Israel, que recupera el hebreo y lo convierte en lengua viva y, por eso, las distintas comunidades que se integran en él, primero aprenden el hebreo y abandonan las lenguas que traían con ellos. Mientras, los sefardíes que deciden vivir en hispanoamérica asumen el español de los siglos XIX y XX, en consecuencia abandonan esta otra lengua».
Eliezer Papo tampoco dibuja un horizonte optimista. «Soy realista», argumenta. Pero tampoco quiere caer en el pesimismo. «Como lengua de cada día está decayendo y es cierto que no existe hoy un hablante que utiliza el judeoespañol como única lengua de comunicación. Y hay que comprender que estos judíos se casan con otros que no lo conocen. Dentro de dos o tres generaciones no habrá más que unas cientos de parejas que lo usen. Pero estoy convencido de que se mantendrá como lengua de cultura para siempre en Israel. “El Talmud” está escrito en arameo. Los judíos no hablan arameo, pero es tan importante para ellos que lo estudian para poder leer “El Talmud” en su lengua original. No lo leen –afirma– ni en una traducción al hebreo. Los judíos son muy persistentes cuando tratan de mantener su herencia cultural y creo que por cientos de años, muchos lo hablarán para poder profundizar en esta cultura hablada».
Si hoy saliera de la RAE el anuncio definitivo de esta creación, aún tardaría unos años en tener unos estatutos definitivos y en formar un cuerpo de académicos que permitiera después su correcto funcionamiento. Pero, en cuanto esos puntos acabaran de perfilarse, la academia del judeoespañol, correspondiente de la RAE, pasaría a ser inmeditamente el 24º miembro de la Asociación de Academias de la Lengua española ( Asale )
Fuente : larazon.es

jueves, 15 de febrero de 2018

Memoria polaca - Gabriel Albiac



Fue poco después de la caída del Muro en Berlín. Yo conversaba con uno de los intelectuales polacos de Solidarnosc. Los orígenes familiares de mi interlocutor lo situaban en el punto de cruce trágico entre judaísmo y comunismo. Me vino a la cabeza, de inmediato, el drama del antisemitismo polaco. Lo dejé caer, con esa torpe ingenuidad del que no espera que lo obvio pueda herir a nadie.
Me equivoqué. Por supuesto. Hay obviedades cuya evocación hiere aún a los más inteligentes. Y el hombre con el que estaba hablando lo era. «No hay antisemitismo en Polonia», zanjó. Pensé que era una broma. Hice una fugaz referencia a la matanza de 1648, precursora de los genocidios modernos. «Polonia no tuvo nada que ver con eso. Fue cosa de los ucranianos». Entendí que era aquel un drama vetado en la conciencia de un polaco. Y me abstuve de retornar al siglo veinte y a la escena que Claude Lanzmann transmite en Shoá, a través de la voz de un superviviente de los trenes de la muerte: los gestos de burla de los aldeanos polacos hacia el ganado humano que se encamina a Auschwitz, los pulgares que trazan un semicírculo en el cuello, celebrando su destino. No, no vale nunca la pena recordar algo que la censura moral exige que se borre. Y, además, el hombre con quien yo hablaba era un tipo decente que había sufrido con coraje la represión de la dictadura. No era ni el lugar ni el momento para hablar de aquello. Lo es ahora. Y no ante un resistente. Sino ante políticos que no sólo ofenden la verdad y la decencia; que apuestan, sobre todo, por falsear la historia. Y manufacturar una memoria a la medida.
La semana pasada, el presidente polaco, Andrzej Duda, anunció la firma de una patriótica ley de memoria: de «memoria histórica», diríamos aquí; esto es, de invención sentimental del pasado. Sus objetivos son claros: aplicar el código penal a quien, «acuse, públicamente y contradiciendo los hechos, a la nación polaca o al Estado polaco de ser responsables de los crímenes nazis cometidos por el III Reich alemán». Las penas en las que incurriría un historiador que no se plegase a este interdicto podrían alcanzar hasta los tres años de cárcel.
Polonia ha sido un país masacrado; siempre al acecho del mal que viene de Rusia. Se entiende la amargura que volver los ojos atrás acarrea para sus ciudadanos. Pero esa amargura en nada altera los hechos. Y menos aún justifica legislar el modo de alterarlos. Claro está que Polonia vivía bajo jurisdicción alemana; claro está que la decisión de instalar en su suelo los campos de exterminio se tomó en Berlín. Nadie en su sano juicio cuestiona eso. Como ningún historiador en el sano uso de su disciplina cuestiona el entusiasmo con que una gran parte de la población polaca acogió el exterminio de sus judíos. La lectura del reciente libro de Fernández Vítores, Mira, Palmero y Sánchez Tortosa sobre el Holocausto es demoledora al respecto.
El pogromo de la aldea polaca de Jedwabne fija el canon: «Un día de julio de 1941, la mitad de una pequeña población del Este de Europa asesinó a la otra mitad, unas 1.600 personas, entre hombres, mujeres y niños. Lo más curioso es que aquel día el cuartel de la gendarmería alemana fue el lugar más seguro para los judíos. Fueron unos polacos normales y corrientes los que mataron a los judíos». Quemándolos vivos. Lo narra -sobre las actas de la comisión investigadora de 1945- el historiador Jan T. Gross. Hoy, escribir lo mismo lo llevaría a la cárcel. A eso llaman memoria. Histórica.
Fuente : abc.es

sábado, 27 de enero de 2018

Merkel lamenta que "ninguna institución judía pueda existir sin protección policial"




"Es necesario recordar el dolor de Auschwitz"



La canciller alemana, Angela Merkel, calificó hoy, Día de las Víctimas del Holocausto, de "vergüenza" que en su país "ninguna institución judía pueda existir sin protección policial, sea un colegio, una guardería o una sinagoga".
"Es difícil de entender y una vergüenza", señaló Merkel en su habitual vídeo-mensaje de los sábados.
La canciller afirmó que es para ella una "tarea diaria" posicionarse "con todas sus fuerzas contra el antisemitismo, la xenofobia y el odio al otro", cuestiones a su juicio cada vez más en el orden del día.
En su opinión, es "muy importante" preservar la voz de los supervivientes del Holocausto -cuando ya la mayoría ha muerto- e incluirla en la "cultura del recuerdo" con un "concepto pedagógico razonable".
"Sólo podemos estructurar un buen futuro si contamos con el pasado y no ponemos en duda que lo seguimos necesitando. Por eso es para mí muy importante que tenga lugar este día", indicó.
Merkel añadió que "el antisemitismo no tienen lugar" en la sociedad alemana, cuyos "valores fundamentales" deben ser la "apertura y la tolerancia".
Muchos políticos alemanes se posicionaron en este mismo sentido con motivo del Día de las Víctimas del Holocausto, celebración que ha cobrado un especial sentido este año ante el auge de la ultraderecha y las recientes quemas de banderas israelíes que han tenido lugar en el país por parte de grupos de inmigrantes de Oriente Medio.
El ministro de Exteriores, el socialdemócrata Sigmar Gabriel, afirmó en un comunicado "que nadie puede dar marcha atrás a la historia, pero todos y todas pueden asumir responsabilidades para el futuro teniendo en cuenta las advertencias de nuestra historia".
En la red social Twitter muchos se sumaron a la campaña #WeRemember (recordamos), como el ministro de Justicia, el socialdemócrata Heiko Maas, la presidenta de Los Verdes, Katrin Göring-Eckardt, o la presidenta de La Izquierda, Katja Kipping.
Mientras que el tradicional homenaje en el Bundestag (Cámara Baja) se celebrará el próximo miércoles, distintas conmemoraciones tuvieron hoy lugar por todo el país, incluyendo algunas en antiguos campos de concentración nazis.
Unos seis millones de judíos fueron asesinados por el régimen nacionalsocialista en campos de concentración durante la II Guerra Mundial, según estimaciones de los historiadores.

"Es necesario recordar el dolor de Auschwitz"

Mario Venezia, presidente del Museo del Holocausto de Roma, reivindica la memoria del horror nazi



"La primera vez que vi el tatuaje en el brazo de mi padre me llamó mucho la atención porque en aquella época no existía esa moda. Mis hermanos y yo éramos pequeños y le preguntamos. Pero a él no le gustaba hablar mucho del tema con nosotros". Mario Venezia, presidente de la Fundación Museo del Holocausto de Roma, recuerda vagamente las veces que su padre, el desaparecido Shlomo Venezia, superviviente de Auschwitz, compartió con ellos algún recuerdo. "Se ponía muy nervioso si nos dejábamos algo en el plato. Nos explicaba el hambre que había pasado pero no entraba en detalles. Las cosas más duras nunca nos las contó y no creo que se las contara a nadie", confiesa a EL MUNDO.
Shlomo Venezia era un judío sefardita. Había nacido en Tesalónica (Grecia) en 1923 pero tenía nacionalidad italiana. Procedía de una familia de sefardíes expulsados de España en el siglo XV y conservaba su lengua de origen. "Hablaba judeo-español perfectamente", cuenta Mario. "En España se sentía como en casa". En 1944 fue arrestado y deportado a Auschwitz con sus padres y sus cuatro hermanos. Nunca volvió a verlos. Durante ocho meses fue miembro de los 'sonderkommandos', el grupo de presos judíos que se dedicaban a transportar los cadáveres desde las cámaras de gas hasta los hornos crematorios. Tras abandonar el campo de concentración, pasó siete años recluido en un sanatorio para aprender a vivir entre la gente. Consiguió un trabajo en un gran hotel de Roma, se casó y tuvo tres hijos. No volvió a pisar Auschwitz hasta 1992. Su testimonio sirvió de inspiración a Roberto Benigni, que lo fichó como consejero para la película 'La Vida es Bella' (1997). En 2007 publicó un libro, 'Sonderkommando: el testimonio de un judío obligado a trabajar en las cámaras de gas', que fue traducido a 17 idiomas.
"Cuando se jubiló se dedicó a hacer compañía a mi madre en la tienda de 'souvenirs' que teníamos cerca de la Fontana de Trevi y a dar conferencias a estudiantes". Después de su muerte en 2012, ahora es su viuda, Marika Kaufmann, quien recorre Italia de punta a punta para mantener vivo el recuerdo de su marido. Mario es el único de los tres hermanos que ha tomado el testigo de su padre para reivindicar su historia. "Hubiera preferido no tener que hacerlo porque es un tema doloroso -reconoce- pero es necesario". La fundación presidida por Venezia publicará próximamente un libro llamado 'Los años de la vergüenza: 1938-1943', dirigido a las escuelas.
"La historia nos enseña que todo lo que sucedió en aquellos años, las leyes raciales y los crueles sucesos de después, fueron precedidos por una profunda propaganda que duró años. La propaganda nace de las palabras. La intolerancia, la violencia en el deporte,... no se puede dejar pasar todo y después escandalizarse cuando sucede un hecho terrible".
Fuente : elmundo.es

La búsqueda interminable de los desaparecidos del Holocausto

           Vista de un cartel que busca a desaparecidos del Holocausto en la ciudad    polaca de Cracovia. (
La familia de una superviviente del Holocausto no ha renunciado nunca a encontrar a los seis hermanos de su madre, engullidos por el horror nazi. En una librería del barrio judío de la ciudad polaca de Cracovia, un cartel y un folleto recuerdan que la Shoah es una historia que no se cerrará. En ellos se cuenta la historia de Adela Schwarzer, que tenía 25 años y pesaba solo 23 kilos cuando fue rescatada por las tropas británicas en el campo nazi de Bergen Belsen, en abril de 1945. Tres años antes, en la primavera de 1942, había sido enviada desde el gueto de Rzeszow al campo de concentración de Biesiadka (ambos situados en la actual Polonia). Fue la última vez que vio a sus cuatro hermanas y sus dos hermanos

Adela Schwarzer residió en Suecia el resto de su vida, pero nunca renunció a tratar de saber cuál había sido el destino de sus hermanos, con la remota esperanza de que, de alguna manera, hubiesen sobrevivido como ella a la Shoah. Murió el 8 de mayo de 2005 sin haber logrado una respuesta, pero su familia decidió continuar la campaña. Su caso, desgraciadamente, no es tan extraño. De los seis millones de víctimas del Holocausto, sólo han sido identificados 4,7 millones. Cuando se conmemora este sábado el 73º aniversario de la liberación del campo de exterminio nazi de Auschwitz, declarado por la ONU Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto, el destino de 1,3 millones de los seis millones de víctimas del Holocausto sigue siendo un misterio. Un millón y medio de niños judíos fueron asesinados por los nazis y sólo la mitad han sido identificados.

"No hay ninguna forma de saber cuánta gente sigue desaparecida tras el Holocausto", explica la profesora Jennifer Rodgers

Las principales instituciones que se dedican a investigar la Shoah luchan todavía para rellenar ese inmenso hueco: el Yad Vashem de Jerusalén mantiene abierta una lista con los nombres de todas las víctimas identificadas; mientras que el Museo del Holocausto de Washington y la Wiener Library de Londres —esta última contiene la mayor colección de documentos sobre el tema del mundo— ponen a sus investigadores al servicio de los familiares de las víctimas. Sin embargo, conforme van desapareciendo los últimos supervivientes, la labor parece cada día más compleja.

Existe un instrumento extraordinario que puede proporcionar todavía algunas respuestas: se trata del International Tracing Service (el Servicio Internacional de Búsqueda), del que tienen copia la Wiener Library, el Museo del Holocausto de Washington, el Gobierno alemán y el Yad Vashem. El ITS, recopilado por los aliados al final de la II Guerra Mundial y que estaba hasta hace poco solo en manos del Comité Internacional de la Cruz Roja, recoge los datos de 17,5 millones de personas que fueron deportadas, desplazadas o esclavizadas por los nazis, a través de documentos de campos de concentración o cárceles de la Gestapo, campos de refugiados o ministerios. Básicamente, reúne todos los documentos sobre las víctimas del terror nazi que los aliados fueron encontrando entre las ruinas del Tercer Reich. En total, son 30 millones de documentos.

Los grupos de exterminio móviles, los siniestros Einsatzgruppen, mataron a cerca de millón y medio de personas en el Este de Europa, sobre todo en la antigua URSS, sin que quedase ningún tipo de documentación
"No hay ninguna forma de saber cuánta gente sigue desaparecida tras el Holocausto", explica Jennifer Rodgers, profesora en el Departamento de Historia de la Universidad de Pennsylvania, que trabaja actualmente en un libro titulado Los archivos de la humanidad: el International Tracing Service, el Holocausto y el orden de la posguerra. "Pero soy optimista: creo que muchos casos todavía no resueltos encontrarán una respuesta en el ITS y lo digo como investigadora, pero también como alguien que trabajó con ese archivo en el Museo del Holocausto. El ITS sigue dando muchas respuestas a supervivientes y a sus familias. Trabajando con ese material dimos respuestas, también sobre personas desaparecidas". De hecho, la Wiener Library de Londres prepara para finales de febrero una exposición sobre esa base de datos para difundir ese archivo.
Como en todos los crímenes masivos, el Holocausto arrastró una cantidad ingente de papeleo de la muerte. Los nazis ocultaron la existencia de las cámaras de gas, por ejemplo, o utilizaban eufemismos para esconder el exterminio. En cambio, la documentación sobre las deportaciones, los guetos, los transportes, el registro en los campos es inmensa. Sin embargo, muchos judíos que eran enviados directamente a las cámaras de gas no eran registrados. Y, sobre todo, los grupos de exterminio móviles, los siniestros Einsatzgruppen, mataron a cerca de millón y medio de personas en el Este de Europa, sobre todo en la antigua URSS, sin que quedase ningún tipo de documento ni, en algunos casos, supervivientes que pudiesen narrar luego los hechos. Tampoco existen datos de muchas víctimas que murieron de hambre o asesinadas en los guetos.
Por ejemplo, de los 33.000 judíos asesinados en el barranco de Babi Yar, cerca de Kiev, en septiembre de 1941, sólo se conocen la mitad de los nombres. De hecho, en un recuento que ofreció recientemente la BBC, que se basaba en datos del Yad Vashem, quedaba claro que la mayoría de los judíos asesinados tras haber sido deportados están identificados —por ejemplo los que provenían de Europa occidental o central lo están en un 95%—. Sin embargo, los judíos asesinados en Rusia, Bielorrusia, Ucrania o Lituania sólo están identificados en un 50%.

 
 
Pero incluso en los casos más difíciles, el ITS puede proporcionar respuestas. Esta base de datos ha servido para reunificar refugiados tras la II Guerra Mundial e incluso condenar a antiguos nazis. "Aunque nosotros por nuestra cuenta no hacemos búsquedas de personas desaparecidas, sí que apoyamos a los familiares que quieren conocer la suerte de personas durante y después de la guerra", explica Christine Schmidt, vicedirectora de la Wiener Library y jefa de investigación de este centro. "Las otras instituciones que manejan el ITS trabajan igual. En algunos casos, la búsqueda de un individuo ha revelado lazos familiares que desconocían y ha facilitado reuniones familiares entre descendientes de víctimas. Lo importante es que, dado que no realizamos búsquedas a no ser que alguien nos lo pida expresamente, existen muchísimos nombres que no han sido investigados nunca".
Ni los historiadores ni los familiares pretenden rendirse jamás. Como explica Jennifer Rodgers, "nunca encontraremos a todos los desaparecidos, pero cada fragmento de información sobre una víctima del Holocausto es importante porque nos permite recordar a esas personas".
Fuente : elpais.com

sábado, 9 de diciembre de 2017

Es fácil de entender: Jerusalén es la capital de Israel - Herman Tertsch

El espectáculo es digno de verse. Otra vez pugnan los gobernantes, los políticos y los medios en el mundo occidental por superarse los unos a los otros en hipocresía y sinrazón.
Y la comunidad internacional parece querer hacer de nuevo el ridículo. Como cuando el referéndum pro FARC en Colombia o la campaña electoral de todo el mundo a favor de Hillary Clinton. Ahora se repite el espectáculo. Otra vez con Donald Trump como protagonista.
Todos dicen estar asustados por la violencia que pueda provocar el que vaya a cumplir una ley norteamericana de hace 22 años y su promesa electoral.
Le echan la culpa de la violencia que sus enemigos puedan generar porque pone la embajada de EEUU donde le dicta su Congreso en la capital de un país soberano. Es la lógica cobarde del apaciguamiento que cimienta toda senda a la guerra.
Donald Trump compareció el miércoles en la Casa Blanca para anunciar -en un discurso por cierto bellísimo en fondo y forma- que va a cumplir una decisión del Congreso pendiente desde 1995. Entonces el Senado aceptó la resolución por 93 votos a favor y 5 en contra.
La Cámara de Representantes votó 374 a favor y 37 en contra. Contundente. Se ordenaba el traslado de la embajada a la capital de Israel, es decir a Jerusalén.
La intención clara es acabar con una anomalía y un carácter provisional que no responde a la realidad sobre el terreno porque Jerusalén es la capital del Estado y alberga todas las instituciones de la única democracia de Oriente Medio.
Todos los gobernantes extranjeros que visitan Israel van al Knesset que está en Jerusalén, a los ministerios que están en Jerusalén, a las oficinas del gobierno y de la jefatura del Estado que están en Jerusalén. Por eso ya está bien que se pretenda lo que no es.
No es inocua. Alimenta entre los enemigos de Israel la falsa idea de que también entre sus amigos y aliados pudiera haber dudas sobre el carácter permanente de la existencia de Israel con su capital en Jerusalén. El mensaje es Israel está para quedarse y Jerusalén como su capital. Luego abandonen toda esperanza de destruir Israel y echar a los judíos al mar.
Cuatro presidentes de EEUU prometieron hacerlo para poner coto a esos malentendidos peligrosos. No cumplieron, por miedo o comodidad. Trump sí cumple. Dicen que esto saboteará acuerdos de paz.
¿Qué acuerdos? Si en veinte años nada bueno ha pasado sin traslado de embajada, es que retrasar la decisión es inútil. Pruébese lo contrario. Es decir, el traslado.
Trump ha abierto el grifo de la realidad. Y no sale lo suficientemente tibia para estos gobernantes mediocres que no quieren líos y viven en su zona de confort de elección en elección. De ahí tanto sobresalto y ademán. Pero el chantaje del terror ha quedado roto por Trump.
Aunque hoy se quejen muchos, asumirán este acto de liderazgo de EEUU y no tardará en haber allí otras embajadas, occidentales pero también árabes. Si algunos europeos quieren jugar a precariedades háganlo en su casa. No con el país que ha pagado y paga bien caro su derecho a existir y a florecer.
El país que con la sangre y el sudor de sus hijos ha conquistado el derecho a ser ya la mayor joya de prosperidad, creatividad, libertad e inteligencia jamás creada por manos, mentes y corazones humanos en el desierto. Todo el que se respete debería aplaudir y ayudar.
Y animar a los vecinos a aprender de Israel para salir ellos de la miseria en que están todos, prisioneros de un odio que los occidentales muchos veces parecen querer alimentar.
 
Hermann Tertsch es columnista del diario español ABC y este artículo fue publicado este viernes 8 de diciembre de 2017

jueves, 7 de diciembre de 2017

Jerusalén liberada - Gabriel Albiac


"Y es que Israel es lo que queda de Europa. Cuando Europa se extingue" - Albiac

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¿Quién teme a Jerusalén? ¿Quién teme que la milenaria capital judía sea hoy proclamada capital de los israelíes? Cada vez que hemos de preguntarnos por lo obvio es que algo funciona mal. Y que no osamos siquiera decir su nombre: miedo.
Lo primero es establecer los datos. Cualquier análisis puede sólo venir luego. En cuanto a las valoraciones, poco cabe decir. No hay, por definición, valoración que escape a lo arbitrario. Todos las tenemos. Pero mejor guardarlas. Valorar, en política, sólo conduce a engañarse. Autoengañarse, en la hipótesis más benevolente.
El dato. No es Trump. Es el Congreso americano quien decide, en 1995, aprobar la ley que fija Jerusalén como lugar para la Embajada en Israel de los Estados Unidos. Desde esa fecha, el mantenimiento de la legación en Tel Aviv es transitorio, a la espera de que el Ejecutivo proceda a dar eficacia al mandato del legislativo. La transitoriedad ha durado 22 años. Demasiados. Pero eso no resta un átomo de vigencia a la decisión parlamentaria. Trump da realidad ahora a lo que tres presidentes no han tenido el coraje de ejecutar. Esa es la única novedad y a eso se reducen los datos. No hay innovación ni legal ni política. Hay el fin de una dilación de legitimidad dudosa.
Ni un solo factor histórico o político puede cuestionar lo obvio. Que Jerusalén es la capital de Israel. Que lo ha sido siempre. Incluso durante los casi dos mil años a lo largo de los cuales Israel no ha existido más que en las almas de sus hijos y en sus textos. Más entonces que nunca. Y, al cabo, puede que aún más que el retorno a Israel haya sido el retorno a Jerusalén lo que haya movido a la perseverancia de un pueblo que cifró en las piedras del muro del Templo su identidad más pura. Y al que quizá nada haya conmovido tanto, en esos largos siglos de destierro, cuanto la evocación del Salmo 137: "Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos y llorábamos al acordarnos de Sión. De los sauces de allí colgamos nuestras cítaras, aunque nuestros carceleros nos pedían cantos y nuestros capataces alegría: "¡cantad algún canto de Sión!’ ¿Cómo hemos de cantar el canto de Yahveh sobre suelo extranjero? Jerusalén, si yo te olvido, olvídese de mí mi mano diestra. Pégueseme la lengua al paladar, Jerusalén, si no te recordare, si a Jerusalén no alzara por cima de mi alegría..."
No hay obstáculo histórico. No lo hay político. Ni siquiera coartada. Jerusalén, aún más que su capital, es Israel. Y, aún más que una ciudad, es el pueblo judío: su símbolo y su arquetipo. Y es también el paradigma de la única sociedad libre y democrática en el Cercano Oriente: la que, tras la guerra de los Seis Días tiene la generosidad, inconcebible en cualquier otro horizonte, de ceder al enemigo vencido la administración del corazón más sensible de la ciudad: la explanada del Templo. Puede que fuera, en lo político, un error catastrófico de Moshe Dayan tras liberar la Ciudad Santa. Pero, en aquel desapego que llevó a Israel a ceder a las autoridades musulmanas la adminis tración plena de ese lugar sagrado resuena lo más noble del respeto europeo hacia todas las religiones: aun hacia las más bárbaras. Y es que Israel es lo que queda de Europa. Cuando Europa se extingue.
¿Hay algún otro tipo de motivos para que Europa vea con malevolencia ese acta de realidad que pone en Jerusalén la capital judía? Sí. Pero da vergüenza decirlo. Se llama miedo al chantaje terrorista: a la OLP hace años, al yihadismo ahora. Y eso es Europa: su miedo.
Fuente : abc.es

miércoles, 6 de diciembre de 2017

EE.UU, reconoce a Jerusalen como la capital de Israel y decide trasladar a esa ciudad su Embajada.

Texto completo del discurso de DONALD TRUMP       

Gracias. Cuando asumí el cargo, prometí enfrentar los desafíos del mundo con los ojos abiertos y un pensamiento muy fresco.
No podemos resolver nuestros problemas haciendo las mismas suposiciones fallidas y repitiendo las mismas estrategias fallidas del pasado. Todos los desafíos exigen nuevos enfoques.
Mi anuncio de hoy marca el comienzo de un nuevo enfoque al conflicto entre Israel y los palestinos.
En 1995, el Congreso adoptó la Ley de la Embajada de Jerusalén instando al gobierno federal a reubicar la Embajada de Estados Unidos en Jerusalén y reconocer que esa ciudad, y de manera tan importante, es la capital de Israel. Esta ley fue aprobada por una abrumadora mayoría bipartidista. Y fue reafirmado por el voto unánime del Senado hace solamente seis meses.
Sin embargo, durante más de 20 años, todos los presidentes estadounidenses anteriores han ejercido la exención de la ley, negándose a trasladar la Embajada de EE. UU. hacia Jerusalén o a reconocer a Jerusalén como la ciudad capital de Israel. Los presidentes emitieron estas exenciones bajo la creencia de que demorar el reconocimiento de Jerusalén promovería la causa de la paz. Algunos dicen que les faltaba valor pero hicieron sus mejores juicios basándose en hechos tal como los entendieron en ese momento.
Sin embargo, el registró ahí está. Después de más de dos décadas de exenciones, no estamos más cerca de un acuerdo de paz duradero entre Israel y los palestinos. Sería una locura suponer que repetir la misma fórmula exacta ahora produciría un resultado diferente o mejor.
Por lo tanto, he determinado que es hora de reconocer oficialmente a Jerusalén como la capital de Israel.
Si bien los presidentes anteriores han hecho de esto una gran promesa de campaña, no han logrado cumplirlo. Hoy, estoy cumpliendo. He juzgado que este curso de acción es lo mejor para los intereses de los Estados Unidos de América y para la búsqueda de la paz entre Israel y los palestinos. Este es un paso largamente esperado para avanzar en el proceso de paz. Y para trabajar hacia un acuerdo duradero.
Israel es una nación soberana con el derecho, como cualquier otra nación soberana, de determinar su propia capital. Reconocer que esto es un hecho es una condición necesaria para lograr la paz. Hace 70 años los Estados Unidos bajo el presidente Truman se reconoció al estado de Israel. Desde entonces, Israel ha construido su capital en la ciudad de Jerusalén, la capital que el pueblo judío estableció en la antigüedad.
Hoy, Jerusalén es la sede del gobierno israelí moderno. Es el hogar del parlamento israelí, la Knesset, así como de la Corte Suprema de Israel. Es la ubicación de la residencia oficial del primer ministro y el presidente. Es la sede de muchos ministerios del gobierno.
Durante décadas, los presidentes estadunidenses que han visitado Israel, los secretarios de Estado y los líderes militares, se han reunido con sus contrapartes israelíes en Jerusalén, como lo hice en mi viaje a Israel a principios de este año.
Jerusalén no es sólo el corazón de tres grandes religiones, pero ahora también es el corazón de una de las democracias más exitosas del mundo. En las últimas siete décadas, el pueblo israelí ha construido un país donde judíos, musulmanes, cristianos y personas de todas las religiones son libres de vivir y de rendir culto según su conciencia y según sus creencias.
Jerusalén es hoy y debe seguir siendo un lugar donde los judíos recen en el Muro Occidental, donde los cristianos caminen por las estaciones de la cruz y donde los musulmanes adoren en la Mezquita de Al-Aqsa. Sin embargo, a través de todos estos años, los presidentes que representan a los Estados Unidos se han negado a reconocer oficialmente a Jerusalén como la capital de Israel. De hecho, nos hemos negado a reconocer capital alguna israelí en absoluto.
Pero hoy finalmente reconocemos lo obvio. Que Jerusalén es la capital de Israel. Esto no es más que un reconocimiento de la realidad. También es lo correcto que se tiene que hacer. Es algo que tenía que hacerse.
Es por eso que de acuerdo con el Acta de la Embajada de Jerusalén, también estoy ordenando al Departamento de Estado que comience la preparación para trasladar la embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén. Esto inmediatamente comenzará el proceso de contratación de arquitectos, ingenieros y planificadores para que una nueva embajada, cuando esté terminada, sea un magnífico tributo a la paz.
Al hacer estos anuncios, también quiero dejar un punto muy claro. Esta decisión no pretende de ninguna manera reflejar una desviación de nuestro firme compromiso para facilitar un acuerdo de paz duradero.
Queremos un acuerdo que sea un gran pacto para los israelíes y un gran pacto para los palestinos. No estamos tomando posición sobre ninguno de los temas del estatus final, incluidos los límites específicos de la soberanía israelí en Jerusalén o la resolución de las fronteras en disputa. Esas preguntas dependen de las partes involucradas.
Los Estados Unidos siguen firmemente comprometidos en ayudar a facilitar un acuerdo de paz que sea aceptable para ambas partes. Tengo la intención de hacer todo lo que esté en mi poder para ayudar a forjar ese acuerdo.
Sin lugar a dudas, Jerusalén es uno de los temas más delicados en esas conversaciones. Estados Unidos apoyaría una solución de dos estados si ambas partes lo acordaran. Mientras tanto, hago un llamado a todas las partes para mantener el status quo en los lugares sagrados de Jerusalén, incluido el Monte del Templo, también conocido como Haram al-Sharif. Sobre todo, nuestra mayor esperanza es la paz. El anhelo universal en cada alma humana.
Con la acción de hoy, reafirmo el compromiso de larga data de mi gobierno por un futuro de paz y seguridad para la región. Por supuesto, habrá desacuerdo y desacuerdo con respecto a este anuncio. Pero confiamos en que, en última instancia, a medida que superemos estos desacuerdos, lleguemos a una paz y un lugar mucho mejores en comprensión y cooperación.
Esta ciudad sagrada debería invocar lo mejor de la humanidad. Levantando nuestras perspectivas hacia lo que es posible, no arrastrándonos hacia las viejas peleas que se han vuelto totalmente predecibles. La paz nunca está más allá de la comprensión de aquellos dispuestos a alcanzarla.
Por eso, hoy llamamos a la calma, a la moderación y a que las voces de tolerancia prevalezcan sobre los proveedores de odio. Nuestros hijos deben heredar nuestro amor, no nuestros conflictos. Repito el mensaje que pronuncié en la cumbre histórica y extraordinaria en Arabia Saudita a principios de este año: Oriente Medio es una región rica en cultura, espíritu e historia. Su gente es brillante, orgullosa y diversa, vibrante y fuerte. Pero el increíble futuro que aguarda a esta región se mantiene a raya por el derramamiento de sangre, la ignorancia y el terror.
El vicepresidente Pence viajará a la región en los próximos días para reafirmar nuestro compromiso de trabajar con socios en todo el Medio Oriente para derrotar el radicalismo que amenaza las esperanzas y los sueños de las generaciones futuras.
Es hora de que muchos de aquellos que desean la paz expulsen a los extremistas de sus entornos. Es hora de que todas las naciones y pueblos civilizados respondan al disentimiento con debate razonado, no con la violencia. Y es hora de que las voces jóvenes y moderadas en todo el Medio Oriente reclamen para sí mismas un futuro brillante y hermoso.
Así que hoy, volvamos a dedicarnos a un camino de comprensión y respeto mutuos. Permitámonos repensar viejas suposiciones y abrir nuestros corazones y mentes a lo posible y a las posibilidades.
Y finalmente, pido a los líderes de la región, políticos y religiosos, israelíes y palestinos, judíos, cristianos y musulmanes, que se unan a nosotros en la noble búsqueda de una paz duradera.
Gracias. Dios los bendiga. Dios bendiga a Israel. Dios bendiga a los palestinos y que Dios bendiga a los EE.UU.
Muchas gracias. Gracias.
Reproducción autorizada con la mención siguiente: ©EnlaceJudíoMéxico

Trump enseñando el documento en el que EEUU reconoce a Jerusalén como capital de Israel.


David Hatchwell: «Nadie en España puede decir que no tiene algún tipo de origen judío»

David Hatchwell, presidente de la Comunidad Judía de Madrid, y Raphaël Benatar, vicepresidente

Descubrir el pasado judío de Madrid lo permite un paseo frente a la estación vieja de Atocha, donde, en recuerdo de la compañía de ferrocarriles más importante de la España del XIX, la inscripción «Madrid, Zaragoza, Alicante» preside la fachada. También el Palacio de San Bernardo, un bonito edificio situado en la madrileña calle del mismo nombre y antaño residencia de los Bauer, familia judía no muy recordada pero célebre en su tiempo. Bajo la égida de Ignacio Bauer Landauer, su último heredero ilustre, la capital «normalizó» la vida de sus vecinos judíos gracias a la construcción de una sinagoga en 1917. Sobre ese pilar se levantó la Comunidad Judía de Madrid pocos años después. Ahora, en en el primer centenario de su nacimiento, David Hatchwell (Madrid, 1968), su presidente, y Raphaël Benatar (Caracas, 1978), su vicepresidente, conceden una entrevista a ABC donde reivindican el poso del judaísmo en nuestra cultura como un «antídoto contra la intolerancia».
—¿Cómo se produjo la vuelta de familias judías a España? ¿Cómo nació la Comunidad Judía de Madrid?
David Hatchwell: En 1917 se estableció de nuevo una sinagoga en Madrid, Midrás Abarbanel, en la calle del Príncipe. Años antes ya había judíos en la capital, pero sin una sinagoga oficial inscrita en el Ayuntamiento. Desde el edicto de expulsión de 1492, en España quedó prohibida la presencia de judíos. A finales del siglo XIX empezaron a llegar, sobre todo procedentes del norte de África, de plazas españolas como Melilla. Eran comunidades sefardíes que entraban a través de Sevilla y que se volvían a instalar con discreción, porque el edicto seguía operativo.
Aunque a los judíos que nos fuimos de España se nos denomina sefardíes, porque tenemos ese apego a Sefarad, que significa España en hebreo, los que volvieron para establecer la sinagoga eran judíos de origen askenazí, es decir de Europa Central: «Ashkenaz» quiere decir Alemania en hebreo.
—¿Por qué entraron por Sevilla?
David Hatchwell: Porque está al sur, y los judíos estaban en el norte de África. Después del edicto de expulsión hubo una salida masiva de judíos de la Península Ibérica. Se estima que el 4 por ciento de la población era judía, si no más. Es posible que fuera hasta el 6 por ciento. Una parte muy importante se quedó y se tuvo que convertir. Pensaron que era algo temporal, pero al final fueron cinco siglos. Las comunidades que salieron de España se fueron a diferentes partes del mundo: hacia el Imperio Otomano, hacia Francia, hacia Alemania. Una parte se fue hasta Portugal, porque en ese momento no había Inquisición. Otra parte se fue hacia los Países Bajos o hacia el norte de África.
Raphaël Benatar: Parte de los judíos que se fueron a los Países Bajos acabaron en el Caribe.
—Spinoza, que nació en Ámsterdam, era de ascendencia sefardí.
David Hatchwell: Spinoza era sefardí, pero con un elemento portugués. Los judíos de los Países Bajos eran sefardíes, pero se denominaron a sí mismos judíos portugueses. En la época, cuando se instalaban, se llamaban así porque los Países Bajos estaban enfrentados con España. Así que los judíos ocultaban su origen diciendo que eran de Portugal, por miedo a tener problemas en un país que estaba en guerra con su país de procedencia. Un fenómeno muy interesante.
Después de la expulsión, los judíos que se quedaron en España se convirtieron. Eso da una idea de la importante riqueza del origen judío en España, porque mi teoría, y la de muchos historiadores, es que hoy en día nadie puede decir en España que no tiene algún tipo de origen judío. Si piensas en las estadísticas, en el 4 por ciento de la población que era judía y que se quedó, y que durante cinco siglos se casó con otras personas... Esta realidad nos pone en perspectiva y es un antídoto contra la intolerancia.
—¿Considera que en España hay conciencia de ese pasado?
David Hatchwell: Creo que, de manera generalizada, en España sabemos que tenemos una historia rica en diversidad, pero la mayoría de la gente no hace el esfuerzo de entender más allá. Hay un déficit de educación en esta materia. Me da la impresión de que cada generación cree que es la última y que tiene el monopolio sobre la verdad. Que lo que pasó antes es Historia que está en un libro, y que ya veremos si nos apetece conocer o no. De lo que siempre nos olvidamos es de que la Historia nos marca, nos condiciona. En España es muy importante que se sepa lo que ha pasado durante los últimos mil años, porque así sabremos que somos un compendio de identidades, y de donde vienen nuestros valores occidentales, judeocristianos por definición.
Raphaël Benatar: Hoy en día hay españoles que tristemente cuestionan la unidad de España. Durante más de cinco siglos de exilio, los sefardíes no solo no han cuestionado la unidad de España, sino que la ha llevado dentro de sí, en la distancia, y de generación en generación, representada por el idioma, la cultura o la cocina.
David Hatchwell: Y hasta en las nanas. Hace ocho años estábamos en una reunión con la presidenta de la Comunidad de Madrid, en ese momento Esperanza Aguirre, y había una veintena de mujeres sefardíes que habían venido gracias a un viaje organizado por el Centro Sefarad-Israel. Había una señora de unos 80 años, búlgara, muy chiquitita, con mucha chispa, que comentó a la presidenta: «Nosotras, en nuestra casa, siempre cantábamos nanas en judeoespañol». Esperanza Aguirre le dijo: «¿Me puede cantar una?». Y nos cantó cuatro nanas que nos hicieron llorar de emoción, porque nos dimos cuenta de que eran un tesoro guardado de generación en generación durante cinco siglos. Un tesoro que venía de algún lugar recóndito de Castilla, y que estaba cantando una señora cuya familia lo había atesorado durante cinco siglos en Bulgaria.
Raphaël Benatar: Isaac Revah es un señor con el que estuvimos cuando pusieron una calle a Ángel Sanz Briz, el embajador español en Budapest que salvó la vida de muchos judíos. Revah es un superviviente del campo de concentración de Bergen-Belsen, y es sefardí. Nunca había estado en España. Nació en Tesalónica, donde había una comunidad sefardí importante, y luego se trasladó a Francia. Cuando habla en español, utiliza palabras singulares. Por ejemplo, me dijo que tenía que «mercar» un paraguas porque llovía. Y luego, al despedirse: «Que tengas buenos caminos».
David Hatchwell: O la palabra «mancebo».
—¿Cómo logró mantenerse viva esa tradición?
David Hatchwell: Creo que a través de la educación de padre a hijo. Las culturas son lo que los padres son capaces de transmitir a sus hijos. La responsabilidad de la educación no se puede transferir solamente a los colegios o al Estado. En el judaísmo, la educación es fundamental. Por eso, a los 13 años, un niño judío tiene que saber leer y escribir, porque tiene que pasar una especie de examen en el que lee los textos sagrados de la Torá. Desde temprana edad, por tanto, tiene que estar alfabetizado. No se concibe ser analfabeto en el judaísmo, con independencia de la capacidad socioeconómica.
—¿Qué papel juega la memoria?
David Hatchwell: La memoria es la palabra clave. Decía Ben Eliezer, un Rabino muy erudito, que el olvido lleva al exilio, y que la memoria es el secreto de la redención. Creo que no hay mejor definición. La memoria es todo lo que uno acumula y decide que sea parte de su futuro. No es todo lo que ha pasado, sino lo que elijas para tu futuro. Creo que el judaísmo, y el mundo judío como civilización, no solo como religión, es muy positivo, muy trabajador, y que no se resigna a la injusticia, lo que no solo trae cosas buenas, dado que no resignarse puede meterte en problemas.
Raphaël Benatar: Estamos a un mes y medio de la conmemoración anual de la liberación de Auschwtiz. Los supervivientes, nuestros héroes, nuestra brújula moral, solo hablan de esa palabra: memoria. Nunca han hablado de venganza. Es memoria para que algo así no se vuelva a repetir. Ninguno de ellos transmite rencor.
David Hatchwell: Memoria para que no le vuelva a ocurrir lo mismo a nadie. Lo recordamos porque la gran mayoría de las víctimas del Holocausto fueron judíos, es más, todos los judíos fueron víctimas en el Holocausto, además de homosexuales, víctimas por motivos políticos, gitanos, personas con discapacidad. Hay que acordarse de lo que ha pasado para luchar por que no vuelva a suceder, porque está en la condición humana hacerlo. Si ya ocurrió, es porque desafortunadamente en los seres humanos hay algo muy, muy malo. Y eso fue lo que nos enseñó el nazismo. El ser humano puede estar tan deshumanizado que puede actuar como la peor de las bestias.
—Volviendo al nacimiento de la Comunidad Judía de Madrid, ¿qué papel jugó la familia Bauer?
David Hatchwell: La familia Bauer representó el inicio de la Comunidad. Era una familia acaudalada económicamente, socia de los Rothschild en España. En esa época, los Rothschild eran muy activos en la financiación de proyectos a nivel internacional, sobre todo en infraestructuras, en particular en el ferrocarril, pero también en las minas. Sus socios españoles eran los Bauer y los Landauer, que terminaron siendo familia. Ignacio Bauer fue el primer presidente de la Comunidad Judía. Con los años, la familia fue menguando.
Ignacio Bauer Landauer terminó arruinado.
David Hatchwell: La familia tuvo un declive económico. También le sucedió a los Rothschild en España. Hay un libro muy bueno, «La Casa Rothschild en España (1912-1941)». Las siguientes generaciones de los Bauer se casaron con personas no judías.
—¿Qué significó la fundación de una sinagoga para los judíos de Madrid?
David Hatchwell: Consolidó realidades. Antes había un lugar de rezo, pero lo más importante del establecimiento de la sinagoga fue poder oficializar el culto. La sinagoga es muy importante para el judaísmo porque quiere decir casa de reunión. Esta religión no es solo individualismo, es una comunidad, y pesa el servicio al otro.
Para mí, lo más importante ha sido, años más tarde, establecer un colegio judío. Es el elemento que realmente consolida una vida comunitaria, y que da un futuro y un presente a los niños basado en una serie de valores donde la religión es un elemento, pero no el único. Es más una concepción de valores.
—¿Qué valores?
David Hatchwell: Creo que son muy similares, al 99 por ciento, a los valores cristianos. Tenemos un tronco compartido, y gran parte de las ramas también. Los valores son los de la defensa de la vida humana. El ser humano, su protección, es fundamental. No hay nada más relevante. Por ejemplo, el precepto de respetar el «sabbat», el día de descanso, puede ser violado para salvar o mejorar una vida.
Otro valor es que aunque hombres y mujeres no somos iguales por definición genética, sí lo somos en cuanto a derechos. Sobre el «sabbat», también hay que indicar que permite que toda persona, incluyendo los sirvientes en la época de Abraham, o las bestias, puedan descansar un día. Es precursor de los derechos laborales. Y otro pequeño dato, ahora que nos acercamos a la Navidad. Cuando nace Jesús, se celebra la Nochebuena. Y ocho días más tarde, el 1 de enero, el Año Nuevo. ¿Por qué ocho días más tarde? Porque Jesús, como niño judío, fue circuncidado. Y nosotros, en el judaísmo, tenemos que circuncidar en el octavo día.
Muchos ciudadanos españoles no conocen estas cosas. Creo que saberlas sería muy bueno, porque acerca a una cultura de la que también forma parte de España.
—¿Qué otros aspectos del judaísmo pueden sorprender a los cristianos cuando empiezan a conocer su religión?
David Hatchwell: En prácticamente todas las culturas occidentales vivimos en un matriarcado donde las mujeres mandan mucho. En el judaísmo, la mujer es el eje central. Es la que da la religión de una forma muy práctica: aunque hoy sí gracias al ADN, antes no se sabía quién era el padre de un niño. La madre, sí. La madre es central en el judaísmo y en el catolicismo también, donde la Virgen María representa la dulzura y la misericordia.
Creo que también es interesante que una persona puede ser judía y atea a la vez. El judaísmo es, además de una religión, un concepto de pueblo. Y es un pueblo que lleva miles de años siendo parte de una cadena. Puedes nacer como judío en una familia judía y lo vas a seguir siendo hasta el último de tus días, a menos que te conviertas a otra religión.
Raphaël Benatar: Impresionan mucho las similitudes en misa, a las que tenemos oportunidad de ir porque la mayoría de nuestros amigos son católicos. Si ves los rezos, dices «¡Anda, lo tengo!». Somos muy capaces de detectar las similitudes.
David Hatchwell: Por ejemplo, hay una frase clásica, estándar, en el catolicismo: «Padre Nuestro, que estás en los Cielos». En hebreo es: «Abinu she bashamayim».
Raphaël Benatar: O «Santo, Santo, Santo es el Señor». Para nosotros es: «Kadosh, Kadosh, Kadosh Hashem».
—¿Qué supuso para la Comunidad Judía de Madrid la Guerra Civil?
David Hatchwell: Supuso un paso atrás porque una guerra fratricida. La normalidad no existía y la Comunidad, durante cierto tiempo, pasó a la clandestinidad. Por una parte, en el bando republicano lucharon personas que venían de los Estados Unidos, como la famosa Brigada Lincoln, de la que se dice que más de un tercio estaba compuesta de judíos americanos. Por otra parte, en el bando nacional, también se dice que una serie de comerciantes judíos del norte de África fueron socios o dieron alimentos a los soldados nacionales. Lo más importante es que la Comunidad necesitó veinte años para volver a normalizarse. Durante el franquismo, Franco permitió que se estableciera una sinagoga en la calle de Balmes.
—¿Cuál fue la situación durante el franquismo?
David Hatchwell: En el franquismo, España era una sociedad muchísimo más rigída, muy pobre, muy austera, muy católica, muy homogénea, y si uno era judío, protestante o musulmán no se podía percibir que fuera español. Pero con el tiempo la situación se fue suavizando. Mi familia viene del Marruecos francés, de Casablanca. Mis padres se establecieron en España en 1964. Yo nací en Madrid en 1968. Nací como español perfectamente asentado, y como judío español.
Raphaël Benatar: También creemos que la retórica o la narrativa del régimen era peor que la práctica. El lenguaje era antisemita, pero a mí me pasó lo mismo que a David: mi abuelos llegaron en 1952 y en España es donde encontraron refugio, viniendo de Hungría. Hungría era lo que era en esa época, un sitio mucho peor para un judío, bajo el comunismo, que la España franquista. Aquí, por lo menos, pudieron vivir a salvo.
—No sé si es muy conocido que el antisemitismo pervivió en las llamadas democracias populares, además de en la Unión Soviética.
Raphaël Benatar: Los tres grandes radicalismos del siglo XX que han querido acabar con el mundo y adueñarse del mundo, que han sido el nazismo, el comunismo y el islamismo radical, han tenido, entre otros, los mismos enemigos, que hemos sido nosotros.
David Hatchwell: El franquismo tuvo sus fases con el mundo judío. La retórica fue una cosa y la conducta, otra. No todo el mundo en el régimen de Franco actuaba igual. Hubo casos de gente que durante el Holocausto tuvo una conducta ejemplar. Y también hubo momentos en los que España permitió el tránsito de judíos por la Península Ibérica para escapar del nazismo. Por una parte, Franco tenía una alianza con el Eje y le vendía wolframio, que es un mineral que se emplea para realizar armas pesadas; además, la embajada de Alemania en Madrid era posiblemente la más potente en toda Europa. Sin embargo, mientras tanto, había algunas situaciones humanitarias a las que el franquismo atendía. Es un periodo que se sigue investigando, y donde hay muchas sombras y algunas luces.
—Sería el caso de Ángel Sanz Briz.
David Hatchwell: Ángel Sanz Briz es un personaje legendario. Raphaël, mejor que nadie, puede hablar de él, porque es gracias al «ángel de Budapest» que está vivo.
Raphaël Benatar: Sí, salvó a mi madre en una casa de acogida. Ella nació en Budapest en 1944 y hay pruebas de que estuvo en la casa de acogida que tenía Ángel Sanz Briz. Él decía que los judíos eran sefardíes. Obviamente no había sefardíes en la Hungría de entonces.
—¿Cómo enfoca su futuro la Comunidad Judía de Madrid?
David Hatchwell: Tenemos muchos retos, pero yo creo que están bien encauzados. A pesar de ser pocos, el nivel de entendimiento es bastante alto. Tenemos la suerte de vivir en una democracia consolidada, una gran ventaja que no tenían nuestros abuelos. Hace tres semanas llevamos a cabo nuestra celebración del centenario de la Comunidad Judía de Madrid y entregamos nuestro premio «Or Januká» a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, porque consideramos que, gracias al esfuerzo y al sacrificio de un colectivo que no siempre lo tiene fácil, somos capaces todos, incluidos los judíos, de practicar nuestro culto y vivir.  
Fuente : abc.es

lunes, 27 de noviembre de 2017

La actriz judía Hedy Lamarr, estrella de día e inventora de noche, la mujer que hizo posible el wifi

Todavía hay quien recuerda a Hedy Lamarr (Viena, 1914), una de las grandes estrellas del Hollywood dorado. Niña inquieta y poco menos que superdotada, feliz en el seno de una familia judía culta y adinerada, se sintió muy pronto atraída por la magia del cine. No tenía ni veinte años cuando se desnudó en «Éxtasis» (1933), la primera película comercial que cometía semejante atrevimiento. Aquel asalto a la fama, todavía en Europa, fue también un lastre para su carrera, aunque nunca le importó demasiado lo que pensaran los demás. Se casó seis veces y las seis se divorció, pero sobre todo destacó, casi en secreto, por sus inventos y aportaciones científicas. El documental «Bombshell: la historia de Hedy Lamarr», que emite esta noche Movistar (22.00), desvela la faceta menos conocida de quien fuera considerada la mujer más bella del cine.
En las pantallas fue Dalila, la perdición de Sansón (Victor Mature), en la primera película, era el chascarrillo del momento, en la que el protagonista tenía más pecho que la chica. Hombres y mujeres se enamoraban al instante. Louis B. Mayer la incorporó a su universo y se codeó con mitos como Picasso, Chaplin, Welles y Howard Hughes, otro inventor («El peor amante que he tenido, pero muy brillante y también incomprendido»). Incluso Kennedy aparece en su vida, «antes de que fuera presidente», aclara ella. Charles Boyer, encaprichado como cualquiera, la convenció para que rodara «Argel», pese a sus reticencias por el dominio del inglés.
Su carrera cinematográfica tuvo montañas y valles, como la de tantos, pero era su vida nocturna la que la diferenciaba, casi siempre sin reconocimiento. Es un milagro que conozcamos sus descubrimientos, desvelados por la revista «Forbes» en 1999. Fueron encontradas cuatro cintas de audio en las que lo contaba todo.
Inventó un sistema de transmisión remota que permitió lanzar torpedos guiados. Su gran hallazgo fue pasar de una única frecuencia a un sistema de radiocontrol que las cambiaba constantemente, de modo que los alemanes no pudieran interceptarlas. Gran patriota del país que la había acogido, quería ver muerto a Hitler, pese a que su primer marido hizo fortuna con los nazis. Voló a Washington y se ofreció para seguir ayudando. La Marina le envió una carta sarcástica en la que le recomendaban que «dejara lo de los torpedos a los expertos» y ayudara de otra forma. También lo hizo. Visitó a las tropas y recaudó millones, pero no aparcó su afición a crear artilugios que sembraron las bases del GPS, bluetooth, wifi y sistemas de comunicación militares. El creador de los primeros drones del Ejército reconoció sus aportaciones en una carta que muestra orgulloso su hijo. «Tenía muchos rostros y ni siquiera yo los entendía todos», añade este con dolor.
Cuentan que rechazó los papeles de «Luz de gas» y «Casablanca» (no siempre fue tan lista). Quiso papeles de carácter y la utilizaron de adorno. «Hollywood me rompió el corazón; tuve que construirme una concha», confiesa. Es imperdonable que pasara sus últimos días en soledad, carcomida por las drogas y los retoques estéticos. Estremece verla hacia el final de una película rica en documentos y testimonios (Bogdanovich, Mel Brooks, Diane Kruger...). Murió en enero del año 2000, a los 85 años.
Fuente:abc.es

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Concluyó la visita del Presidente Rivlin y su esposa a Sefarad , en Toledo.


Discurso de bienvenida del Presidente de la CJM, David Hatchwell, al Presidente RIVLIN



Sus excelencias, el presidente Rivlin y la primera Dama Nechama
Estimado Embajador de Israel en España, Sr. Kutner
Ministro de Igualdad de Israel
Presidente del Consejo Rabínico de España
Miembro del Knesset y Presidente de la Asociación Parlamentaria
Presidente de la Federación de Comunidades Judías de España
Presidente del Hebrá Kadishá
Presidente de la Fundación Don Juan de Borbón
Antiguos miembros de la Knesset que se han unido a esta histórica delegación

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Kahal Kadosh,
Queridos amigos,
Berujim Ha Bayim!
Es un gran placer para mí, en nombre de la Comunidad Judía de Madrid, darle la bienvenida en la capital de España.
Su histórico viaje tiene lugar 25 años después de la visita a España del fallecido presidente Haim Herzog, que nos visitó en 1992 … un año lleno de simbolismo para el pueblo judío y para España.
Un año que quisimos olvidar durante siglos … pero que ahora debemos recordar para dibujar el nuevo futuro de España y sus judíos.
Un futuro lleno de oportunidades donde el gesto simbólico del Reino de España en la concesión de la nacionalidad española a los descendientes de los Sepharadim es muy bien recibido.
Un futuro donde el establecimiento de un Museo Judío de clase mundial en Madrid contribuirá en la lucha contra el antisemitismo y la ignorancia.
Estimado presidente Rivlin, su visita está llena de simbolismo.
El Jefe de Estado de la Nación reestablecida de los Judíos regresa a España en el Centenario de la declaración Balfour.
Su visita también se lleva a cabo en el año 100 del restablecimiento de la primera sinagoga en Madrid, Midras Abarbanel, 500 años después de la expulsión de los judíos.
Finalmente, también estamos muy orgullosos de que su visita a nuestra Comunidad hoy tenga lugar en la Escuela Judía de Madrid … más de 50 años después de su creación.
Queridos amigos,
Permítanme compartir con ustedes el hecho de que se encuentren en el epicentro físico de la vida judía en Madrid.
Esta escuela única en España ofrece una educación judía de ciclo completo a sus 330 estudiantes en un ambiente de tolerancia, respeto, excelencia, solidaridad e identidad judía.
Es internacional, diversa en su composición y con una identidad intensamente sionista.
Estamos particularmente orgullosos de tener no judíos entre nuestros estudiantes, que nos recuerdan la importancia de ser siempre respetuosos con todos “ya que también vivimos en el pasado entre extraños”.
La Escuela Judía de Madrid, la Estrella Toledano es parte del Centro Ibn Gabirol.
La combinación de estos dos nombres arroja luz sobre nuestras aspiraciones como Comunidad.
Ibn Gabirol, un famoso príncipe judío de la palabra y una luz de la gloriosa Sefarad.
Y Estrella Toledano, una dama desconocida para muchos que llegó a Madrid desde Casablanca, con una dedicación de por vida a Jesed.
Un pensador sabio y una persona de acción.
Ambos nombres, famosos y desconocidos, ambos comprometidos con el viaje del pueblo judío indican bien nuestros orígenes y valores.
Si bien somos pequeños en tamaño, como la comunidad judía más grande del Reino de España y vivimos en su capital, sentimos la responsabilidad del legado de Sefarad.
Los judíos españoles tienen la suerte de vivir en un país libre, diverso y abierto.
Queridos amigos,
La Comunidad Judía de Madrid está experimentando un fuerte resurgimiento en las últimas décadas. Tenemos ahora 8 sinagogas, una escuela judía, dos cementerios, restaurantes kosher, una cantidad constante de deportes y cultura y muchas organizaciones dedicadas a ayudar a los judíos necesitados en España y en Israel.
Estamos constantemente conectados con el mundo judío en general.
Tenemos una voz pro israelí muy fuerte, ACOM, que lucha a diario contra la calumnia de nuestro pueblo y el estado judío, y que golpea muy por encima de su peso.

La Junta de la Comunidad Judía de Madrid se ha dedicado a perseguir la UNIDAD entre los judíos. Nos aseguramos de proporcionar Seguridad y Educación a todas las denominaciones judías en Madrid.
Sabemos que la UNIDAD no solo es práctica sino moral.
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Querido presidente,
Nuestra Comunidad está decidida a ser una parte leal, productiva y creativa de la sociedad española. Sabemos que la España moderna comparte valores e intereses con el Estado de Israel.
Nuestro compromiso con el bienestar de Israel es esencial para quienes somos y creemos que hay un nuevo rol claro para las comunidades en la diáspora.
Estamos aquí para trabajar en la lucha contra aquellos que buscan destruir el estado de Israel a través de nuevos medios.
Estamos aquí para actuar como embajadores de Am Israel en esta tierra para mostrar los valores fundamentales que comparten el pueblo judío y el español.

Querido presidente,
Su visita tiene lugar en un momento de profunda importancia en la historia de la España moderna.
El desafío constitucional que tuvo lugar días atrás por parte de aquellos que creen en dividir en lugar de unirse se ha encontrado con el estado de derecho y el ejemplar desempeño profesional de las fuerzas de seguridad españolas.
Nuestra Comunidad se mantiene firmemente detrás de la unidad de España.
Nuestra lealtad a nuestro orden constitucional que garantiza la protección de todos los ciudadanos españoles sin distinción de raza, religión y género es inequívoca.
Mientras que el gobierno de España, vergonzosamente, no siempre ha correspondido en el ámbito internacional la amistad y la lealtad de Israel, es importante que la gente de España sepa que Medinat Israel se mantiene firme apoyando la legitimidad constitucional que nos otorgó a los judíos una integración y prosperidad sin precedentes en los tiempos modernos en este país. Nosotros, los judíos de España, como buenos ciudadanos de este país y fervientes sionistas, nos sentimos orgullosos de compartir esas lealtades con total coherencia y sin conflicto.

Queridos amigos,
Como Theodor Herzl profetizó hace más de 100 años, “el sionismo es un ideal infinito. Incluso después de que establezcamos nuestra tierra de Israel, no dejará de ser un ideal. El sionismo implica no solo tener un pedazo de tierra legalmente nuestra, sino también integridad moral y espiritual “.
Señoras y señores,
Los judíos de Madrid son una parte integral del proyecto sionista y luchan por esa integridad moral y espiritual … con Israel en su núcleo. Estamos comprometidos con un Am Israel que se encuentra a la vanguardia de la lucha por la Justicia en el mundo, sin miedo a desafiar lo que se encuentra en el camino de la Libertad Humana y el Progreso.
Sabemos que la España moderna es un socio en ese viaje, y que los judíos españoles desempeñarán su papel hasta que tenga lugar la Profecía de Ovadia.
Am Israel JAI.
Fuente : Por Israel ( Dori Lustron )

Bonita foto del Gran Rabino de Israel en Madrid .

El Rabino Yonatan Galed conversando con el Gran Rabino de Israel, el Rabino Itzjak Yosef, shelita, por las calles de Madrid.

martes, 7 de noviembre de 2017

España , con los Reyes al frente , recibe al Presidente de Israel con los mayores honores.